El I marqués de la Victoria, Juan José Navarro, en un cuadro realizado por el pintor español Rafael Tegeo el año 1828.

Juan José Navarro de Viana y Búfalo, I marqués de la Victoria, fue un destacado soldado, marino, ingeniero militar, escritor y dibujante. Nació en la ciudad siciliana de Mesina el 30 de noviembre de 1687, en el seno de una familia hidalga dedicada al asunto militar, asentada en el Reino de València y destinada en Sicilia desde los tiempos del abuelo de Juan José. Este siguió la tradición familiar, y ya a los 8 años entró en el ejército, en el Tercio Fijo de Nápoles, no dejando de lado, por otra parte, los estudios, pues sobresalió cursando filosofía, matemáticas, retórica, dibujo y humanidades.
Destinado a Milán, alcanzó el grado de alférez en 1703, y tuvo en el norte de Italia sus primeros hechos de armas durante la Guerra de Sucesión Española (1701-1715) luchando en el bando borbónico, donde participó en victorias y derrotas hasta que su regimiento evacuó el Milanesado (1707) y marchó a València. Al año siguiente marchó en la expedición de socorro a Orán, donde murió su hermano Ramón y fue apresado su padre, que falleció prisionero de los argelinos. Juan José, con el grado de capitán, pasó a comandar la compañía de su padre, y fue destinado al frente ibérico, exactamente al valenciano y al alicantino, participando en la conquista de las ciudades de València y Alacant, siendo muy valiosa su aportación en la capitulación del alicantino castillo de Santa Bárbara por su saber en materia de fortificaciones. También luchó en las batallas y acciones de guerra de Peñalba, Almenar, Zaragoza, Brihuega (1710), Villaviciosa, Montroig, etc., hasta que con la aplicación (1715) de la Paz de Utrecht y la llegada de la paz, paso a la guarnición de Tarifa, donde ingresó en la Armada (1717) elegido por el secretario de Estado y factótum José Patiño para que reorganizase ese arma, impresionado por su vasta cultura y su extrema habilidad como dibujante, además de ser políglota.
Allí se dedicó a la formación y educación de los guardiamarinas y a la enseñanza de las matemáticas, además de a escribir obras teóricas sobre poliorcética y teoría y práctica de las maniobras militares. También participó en la conquista de Cerdeña (agosto de 1717), y su ascendiente sobre los reyes era tal que Patiño, celoso, le envió a América (1730) como almirante de una expedición de galeones. Juan José aprovechó el viaje para perfeccionar el sistema de comunicación por banderas. De regreso, Patiño le ordenó participar en la Expedición de Orán (junio-julio 1732) contra el imperio Otomano, dándose una de esas raras casualidades del destino de que coincidieran en su barco, el Castilla, tres de las mentes más lúcidas y destacadas del siglo XVIII español: el propio José Juan Navarro, Jorge Juan, que hacía sus primeras armas, y Álvaro de Navia-Osorio, el autor de las “Reflexiones militares”, una de las obras fundamentales, a nivel mundial, sobre la ciencia bélica, y que fue libro de cabecera de Federico II de Prusia, Napoleón o el libertador José de San Martín. La expedición acabó con la conquista española de la plaza norteafricana.
En 1737, ya muerto Patiño, logró el ascenso a jefe de escuadra y entregó a Jorge Juan el mando de la Real Compañía de Guardiamarinas, prosiguiendo en su labor de escribir obras de teoría militar, matemáticas y geografía. Sin embargo, esta etapa de tranquilidad fue interrumpida por la irrupción de la Guerra del Asiento (1739-1748) contra Gran Bretaña, conflicto que desde 1742 entró a formar parte, o quedó englobado, dentro de la Guerra de Sucesión Austríaca. En la Guerra del Asiento, Navarro se encargó de patrullar la costa atlántica española, y más tarde (1741) fue destinado al Mediterráneo, donde al final chocó con los ingleses en la batalla de Toulon (el 22 de febrero de 1744), en la que los británicos se retiraron ante la victoriosa flota hispano-francesa comandada por él. A consecuencia de esta lid, el rey Felipe V le concedió a Juan José, que resultó herido en una pierna, el título de marqués de la Victoria.
En 1759 acompañó al nuevo rey, Carlos III, en su desplazamiento desde su antiguo reino de Nápoles a Barcelona, y el 16 de octubre de ese mismo año fue nombrado capitán general de la Armada, la máxima graduación en la marina. En los años siguientes pudo disfrutar del hecho de que su “Código de señales” fuera siendo aceptado por las diversas naciones europeas.
Dedicó sus últimos años a escribir nuevas obras, antes de que una gangrena producida por una erisipela mal curada en un pie le produjera la muerte en San Fernando (Cádiz) el 5 de febrero de 1772. Fue sepultado con dinero prestado, pues murió pobre, en el Convento del Carmen de San Fernando, siendo años después trasladado al Panteón de Marinos Ilustres.
Casó en Lleida el año 1711 con Josefa Gacet, quien le premurió, y con la que tuvo 5 hijos. Una hija, Rosalía, heredó el marquesado, pero quedó vacante en la siguiente y última generación, al morir su nieta en 1837 sin dejar descendencia.